viernes, 28 de octubre de 2011

Rojo fuego

El verano se revolvió dando sus últimos coletazos, luchando por seguir presente en un tiempo que exigía cambio.
Cayó inconsciente. Murió. Se llevo con él la calidez esperanzadora para dejar paso al gris neutro y azulado de los cielos tristes.
La vida empezó su decaimiento, comenzó su período de degradación; la muerte anunciada e inexorable que nos inunda cíclicamente.
Los colores fríos empezaron a ganar terreno, revindicando su presencia en un mundo que había olvidado el significado de la oscuridad.
Días cortos, noches largas. Días húmedos, noches gélidas...
Pero entre la muerte nació la lucha. De lo mustio surgió lo bello. Las verdes hojas de los árboles del estío cambiaron sus uniformes. La guerra había empezado y darían su úlimo aliento hasta perderla. Sabían que perderían. Aún así, se tiñieron de sangre. Sacaron sus colores rojo fuego para dar calidez en tiempos helados, para encender los corazones de los que luchan, a pesar de conocer su futura derrota.
Con esta última batalla, unas simples hojas, nos recordaron lo que es la vida.

Paz, amor y calidez...

miércoles, 27 de octubre de 2010

El joven

Un día el joven se levantó triste. No es que fuera algo destacable, puesto que en las últimas semanas había tenido con frecuencia estos despertares. Sin embargo, éste era distinto de alguna manera, por alguna razón se sentía más lúcido. Fue entonces cuando se dio cuenta de su realidad.

Creía que su tristeza venía causada por lo imposible de sus amores, por la desesperación, la falta de esperanza, por su forma idealista de ver la vida... Pero esa mañana, cuando despertó se dio cuenta de que eso era precisamente lo que le hacía amar.
No le gustaban los posibles, los probables, los quizás y menos aún los seguros... le gustaba lo imposible; se enamoraba de ello.

Así comprendió que su tristeza, su melancólica espera, siempre estaría presente. Y en el momento que desapareciera, sentiría la inexorable necesidad de volver a ella. Sería una persona de mirada perdida el resto de sus días, esperando algo que nunca llegaría.

Ese día, el joven comprendió lo que significaba el romanticismo...

Paz, amor y miradas perdidas...

lunes, 11 de octubre de 2010

La Verdad


Dicen que los actos definen un hombre. Eso es mentira. Habría que precisar mucho más. El objeto de estudio más interesante en las personas es el interior. Por lo tanto, resulta mucho más definitorio lo que alguien no hace para determinar cómo es. Los actos nos dan la apariencia de cómo es la gente; pero lo que no hace... lo que nunca llegará a hacer, si pudieramos saberlo de algún modo, nos describiría de forma fidedigna el interior.

Por ejemplo: Soy un cobarde.
Una afirmación simple, breve y definitoria.

Podría pasar que, a través de la conducta externa, nunca se llegue a apreciar esta característica. Podría incluso parecer que mis actos, contradiciendo a la realidad, son valientes. Lo curioso es que podría pasar que nunca se supiese la verdad; o podría, quizás, conocerse desde siempre.

Habrá gente que diga que uno u otro acto requiere valor: cambiarse de carrera, salir a un escenario, o arriesgar estúpidamente el físico... Pero no creo que estas suposiciones tengan una verdadera base justificada. Se basan en simples apariencias.
Lo más seguro es que la aparente falta de cobardía presente en estos actos se deba más bien a un total desapego a la integridad, bien física o intelectual, de uno.

Pero la verdad, la que subyace y se esconde en lo más recóndito de cada uno, no puede ocultarse de su único observador (aparente). No podemos engañarnos a nosotros mismos.

Paz, amor y (mano caliente/mano fría)...

domingo, 26 de septiembre de 2010

Tributo

Annabel Lee - E. A. Poe

It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.

I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea:
But we loved with a love that was more than love -
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.

And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her high-born kinsmen came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.

The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me -
Yes! that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud one night,
Chilling and killing my Annabel Lee.

But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we -
Of many far wiser than we -
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee;

For the moon never beams without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling -my darling -my life and my bride,
In the sepulchre there by the sea -
In her tomb by the sounding sea.

Paz, amor y romanticismo del bueno...

jueves, 16 de septiembre de 2010

Viento estival

Salí a la calle y tomé una profunda bocanada de aire, entonces fue cuando empecé a entender algunas cosas.
Era septiembre, un buen día de septiembre, y el viento era cálido y reconfortante. Venía seco, del interior, y arrastraba un aroma indescriptible, con matices inapreciables para alguien que tan sólo lo respira.
Pero yo no estaba respirándolo, yo me estaba dejando llevar por el aire y me fundía poco a poco en sus suspiros...
Entonces lo noté. Los matices inapreciables, los juguetones aromas, la tierna calidez, todos me eran familiares. Todos me recordaban a lo mismo.
Aquella tarde de septiembre el viento me trajo el aroma que vuela en el viento primaveral, ese viento alegre que recuerda que el verano se acerca, que llena el alma de esperanzas y emociones nuevas. El aire que anuncia la inminencia del cambio.
Pero era demasiado tarde. El verano estaba acabando. El ventoso fantasma confundía mis sentidos para jugarme una mala pasada. Al igual que vino en primavera para anunciarme el estío, llegó en septiembre para avisarme de su final.
Se rió de mis promesas incumplidas, de los planes imperfectos y de los fracasos anunciados. Se regocijó con mis pesares y me envolvió de luto.
Y así, el viento que me había traído el gozo en el pasado, me recordó que todo lo que empieza tiene su final...


Paz, amor y vendavales...

viernes, 10 de septiembre de 2010

Desde ayer hasta mañana

[...]

La horrenda criatura se acercó lentamente al anciano. Se podía observar una repugnante mueca de sufrimiento en la cara de la bestia y un gesto de infinita compasión en el anciano.
El monstruo abrió la boca y dijo:

─ Padre, lo he vuelto a hacer. Nunca podré cambiar, seré para siempre una bestia despiadada...

El anciano sonrió con tristeza, secó las lágrimas a la criatura y le respondió.

─ Hijo, no importa lo que hayas hecho, al final, si quieres cambiar, tienes que recordar esto:
Olvida el pasado, aparta el presente momentáneamente y piensa en el futuro. Piensa en lo que quieres conseguir, en lo que quieres llegar a ser. Ahora, vuelve a pensar en el presente y lucha con todas tus fuerzas por el futuro que has imaginado, lucha ahora.
No te preocupes si fracasas porque, siempre y cuando hayas luchado, podrás volver a olvidar el pasado y comenzar de nuevo. Lo importante es querer cambiar, el cambio acabará llegando.

[...]

Paz, amor y criaturas imaginarias...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La lucha del guerrero (II)

El guerrero abrió sus ojos, sin comprender dónde estaba. La sombra de una figura se erguía ante él.
Miró a su alrededor, contemplando la escena que le rodeaba.
El panorama era tétrico. Enormes estalacticas de basalto unían el suelo de la estancia con el techo dando la sensación de ser las columnas que sustentaban el alto techo. En las paredes podían adivinarse algunas antorchas, que tímidamente bañaban la negrura de luz. Y en el suelo se veían restos óseos de proporciones anti-humanas.

La sombra se le acercó y dijo:
─ Por fin despiertas. ¿Por qué razón estás aquí, ante El Juez?

El guerrero levantó la mirada hacia la figura, sin ver más que un borroso contorno en la oscuridad y se dirigió a ella con voz trémula.
─ ¿Quién eres? No sé dónde estoy, lo último que recuerdo fue abandonarme y morir.

A la sombra le parecieron brillar los ojos en la oscuridad, un brillo azul... frío...
─ Así que tu eres el que se rindió... ¿Por qué un guerrero que ha luchado toda su vida acaba así?
─ La esperanza─ dijo el guerrero─ luché por ella toda mi vida y al final la perdí. No es justo luchar por algo que no te recompensa de ninguna manera, no creo que nadie sea capaz de luchar eternamente sin recibir nada a cambio. Mi esperanza nunca se vio favorecida por los hechos y finalmente se apagó como una vela al viento.

En el contorno sombrío empezó a distinguirse una extraña mueca, una especie de horripilante sonrisa, cruel y despiadada.
─ Toda una vida luchando por la esperanza, y aún no la comprendes en absoluto... Qué irónico.

El guerrero se levantó furioso y desenvainó su espada.
─ Estoy harto de vosotros, los dioses, y vuestro eterno halo de superioridad.
Descargó un certero golpe sobre la sombra y ésta desapareció.

Un sonido gutural sonó a su espalda, con una extraña similitud a la risa. Antes de que pudiera reaccionar notó una fría mano en su hombro y cayó al suelo de rodillas, soltando en la caída el arma.
─ Ya no estás en el reino de los vivos, ni siquiera en el de los muertos; estás aquí para aprender tu gran error. No soy un dios, pero aquí, en mi casa, mando yo; y no te irás hasta que aprendas la complejidad de la esperanza.

─ La esperanza es algo bello por lo que luchar, algo digno y honorable.
─ ¿Lo es?
─ Claro, cómo podría alguien decir lo contrario... Sin esperanza no hay nada.
─ Ahí estamos de acuerdo─ otra vez sonó esa risa gutural─ sin esperanza no hay nada, pero ¿es algo tan bello por lo que luchar? ¿Nunca te has parado a pensar en que la esperanza es un arma de doble filo?
─ No entiendo.
─ Claro que no entiendes, nunca quisiste entender. Luchaste por algo que no comprendías, no me extraña tu fracaso.
─ ¿Qué quieres decir?
─ La esperanza, joven guerrero, es como las sirenas. Un bonito canto, atrayente y cautivador... un horrendo monstruo, despiadado y cruel... La esperanza es una de las fuerzas motrices más fuertes para el hombre, junto con el amor o el bien. Sin embargo, tiene un hambre insaciable; un hambre que se nutre a sí mismo, retroalimentándose. La esperanza crea ilusiones y el hombre lucha por ellas a la vez que se crea nuevas ilusiones, y al final se convierte en la quimera del propio hombre. ¿Sabes por qué te cansaste? Porque no llegaste a comprender la esperanza, no llegaste a ver su dualidad.
─ ¡Entonces, el mundo debería abandonar la esperanza!
─ Estúpido... no quieras rechazar lo único bueno que os dió pandora. La esperanza no debe abandonarse nunca, sólo hay que saber enfocarla bien. Hay que saber distinguir entre las ilusiones quiméricas y las ilusiones positivas, algo que nunca supiste hacer, joven guerrero. Hay que saber hacer que la esperanza crezca con uno, y no a expensas de uno. Ahora que has aprendido la lección, desaparece.

El guerrero entendió su falta de fuerza, entendió las palabras que el dios de los rayos le había dicho, entendió por qué nunca podría ser un héroe, entendió que a partir de ahora sólo le quedaba habitar el olvido.
Notó un viento fresco en la cara, notó como poco a poco su cuerpo se convertía en arena, como cada grano era arrastrado a un lugar distinto para acabar dispersos en el destino final de todos aquellos que se rinden: el infinito desierto del olvido.

Paz, amor y lecciones tardías...