viernes, 10 de septiembre de 2010

Desde ayer hasta mañana

[...]

La horrenda criatura se acercó lentamente al anciano. Se podía observar una repugnante mueca de sufrimiento en la cara de la bestia y un gesto de infinita compasión en el anciano.
El monstruo abrió la boca y dijo:

─ Padre, lo he vuelto a hacer. Nunca podré cambiar, seré para siempre una bestia despiadada...

El anciano sonrió con tristeza, secó las lágrimas a la criatura y le respondió.

─ Hijo, no importa lo que hayas hecho, al final, si quieres cambiar, tienes que recordar esto:
Olvida el pasado, aparta el presente momentáneamente y piensa en el futuro. Piensa en lo que quieres conseguir, en lo que quieres llegar a ser. Ahora, vuelve a pensar en el presente y lucha con todas tus fuerzas por el futuro que has imaginado, lucha ahora.
No te preocupes si fracasas porque, siempre y cuando hayas luchado, podrás volver a olvidar el pasado y comenzar de nuevo. Lo importante es querer cambiar, el cambio acabará llegando.

[...]

Paz, amor y criaturas imaginarias...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La lucha del guerrero (II)

El guerrero abrió sus ojos, sin comprender dónde estaba. La sombra de una figura se erguía ante él.
Miró a su alrededor, contemplando la escena que le rodeaba.
El panorama era tétrico. Enormes estalacticas de basalto unían el suelo de la estancia con el techo dando la sensación de ser las columnas que sustentaban el alto techo. En las paredes podían adivinarse algunas antorchas, que tímidamente bañaban la negrura de luz. Y en el suelo se veían restos óseos de proporciones anti-humanas.

La sombra se le acercó y dijo:
─ Por fin despiertas. ¿Por qué razón estás aquí, ante El Juez?

El guerrero levantó la mirada hacia la figura, sin ver más que un borroso contorno en la oscuridad y se dirigió a ella con voz trémula.
─ ¿Quién eres? No sé dónde estoy, lo último que recuerdo fue abandonarme y morir.

A la sombra le parecieron brillar los ojos en la oscuridad, un brillo azul... frío...
─ Así que tu eres el que se rindió... ¿Por qué un guerrero que ha luchado toda su vida acaba así?
─ La esperanza─ dijo el guerrero─ luché por ella toda mi vida y al final la perdí. No es justo luchar por algo que no te recompensa de ninguna manera, no creo que nadie sea capaz de luchar eternamente sin recibir nada a cambio. Mi esperanza nunca se vio favorecida por los hechos y finalmente se apagó como una vela al viento.

En el contorno sombrío empezó a distinguirse una extraña mueca, una especie de horripilante sonrisa, cruel y despiadada.
─ Toda una vida luchando por la esperanza, y aún no la comprendes en absoluto... Qué irónico.

El guerrero se levantó furioso y desenvainó su espada.
─ Estoy harto de vosotros, los dioses, y vuestro eterno halo de superioridad.
Descargó un certero golpe sobre la sombra y ésta desapareció.

Un sonido gutural sonó a su espalda, con una extraña similitud a la risa. Antes de que pudiera reaccionar notó una fría mano en su hombro y cayó al suelo de rodillas, soltando en la caída el arma.
─ Ya no estás en el reino de los vivos, ni siquiera en el de los muertos; estás aquí para aprender tu gran error. No soy un dios, pero aquí, en mi casa, mando yo; y no te irás hasta que aprendas la complejidad de la esperanza.

─ La esperanza es algo bello por lo que luchar, algo digno y honorable.
─ ¿Lo es?
─ Claro, cómo podría alguien decir lo contrario... Sin esperanza no hay nada.
─ Ahí estamos de acuerdo─ otra vez sonó esa risa gutural─ sin esperanza no hay nada, pero ¿es algo tan bello por lo que luchar? ¿Nunca te has parado a pensar en que la esperanza es un arma de doble filo?
─ No entiendo.
─ Claro que no entiendes, nunca quisiste entender. Luchaste por algo que no comprendías, no me extraña tu fracaso.
─ ¿Qué quieres decir?
─ La esperanza, joven guerrero, es como las sirenas. Un bonito canto, atrayente y cautivador... un horrendo monstruo, despiadado y cruel... La esperanza es una de las fuerzas motrices más fuertes para el hombre, junto con el amor o el bien. Sin embargo, tiene un hambre insaciable; un hambre que se nutre a sí mismo, retroalimentándose. La esperanza crea ilusiones y el hombre lucha por ellas a la vez que se crea nuevas ilusiones, y al final se convierte en la quimera del propio hombre. ¿Sabes por qué te cansaste? Porque no llegaste a comprender la esperanza, no llegaste a ver su dualidad.
─ ¡Entonces, el mundo debería abandonar la esperanza!
─ Estúpido... no quieras rechazar lo único bueno que os dió pandora. La esperanza no debe abandonarse nunca, sólo hay que saber enfocarla bien. Hay que saber distinguir entre las ilusiones quiméricas y las ilusiones positivas, algo que nunca supiste hacer, joven guerrero. Hay que saber hacer que la esperanza crezca con uno, y no a expensas de uno. Ahora que has aprendido la lección, desaparece.

El guerrero entendió su falta de fuerza, entendió las palabras que el dios de los rayos le había dicho, entendió por qué nunca podría ser un héroe, entendió que a partir de ahora sólo le quedaba habitar el olvido.
Notó un viento fresco en la cara, notó como poco a poco su cuerpo se convertía en arena, como cada grano era arrastrado a un lugar distinto para acabar dispersos en el destino final de todos aquellos que se rinden: el infinito desierto del olvido.

Paz, amor y lecciones tardías...

sábado, 14 de agosto de 2010

Ilusionismo

El joven se acercó al mago y clavó sus ojos en las cartas.

El mago, mirando al público, desencadenó su juego de manos, moviendo los dedos rápidamente, contrayendo y estirando sus falanges a una velocidad imposible de seguir.

Cuando el truco finalizó el joven se acercó al mago y le dijo al oído:
—Lo he entendido todo, ya sé cómo realiza usted el truco.

El mago lo miró sorprendido:
—Así que por fin alguien lo ha entendido, ¿eh?— el mago miró suspicazmente al chico— Joven, usted debe estar enamorado, o al menos, debe usted pensar en alguien de manera romántica.
—¿Por qué dice usted éso, señor?
Una leve sonrisa se levantó en la misteriosa cara del ilusionista:
—Porque sólo alguien con la mente dispuesta a soñar es capaz de ver los sueños, sólo alguien capaz de ilusionarse es capaz de comprender las ilusiones.
El chico cambió su expresión, sorprendido.
—No entiendo, ¿insinúa usted que soy un iluso?
El mago rió:
—Nada de éso... aunque supongo que en realidad sí. Pensé que lo habías entendido, chico. Ésto sólamente ha sido una ilusión, un mero engaño a lo que todos creían que era realidad. La gente se ofusca pensando que lo que ven es la única realidad existente y se olvidan de que lo real, a menudo, se escapa a la vista. —El chico cada vez prestaba más atención— Sin embargo, las ilusiones forman parte de la realidad, son una parte muy necesaria, puesto que sin ilusiones nada llegaría más allá de lo imaginado como posible. ¿No sería eso triste? Lo imposible tratado como verdaderamente imposible. Lo posible sólo como abarcable. Al final, chico, lo imposible no existe, y lo posible es tan ampliamente abarcable que se convierte en aburrido... pero las cosas no son así; lo imposible, es sólamente raro, experimentable; mientras que lo posible, simplemente, es aquello que está a nuestro alcance. Lucha por lo imposible, mientras aceptas lo posible, puesto que nunca serás capaz de predecir el futuro y no merece la pena rendirse ante algo que ni siquiera se ha planteado aún. Lucha, chico, lucha por algo imposible; las luchas por lo posible fueron ganadas hace tiempo por gente que creyó en algo más allá.

El chico escuchó pacientemente al mago y finalmente se marchó. Con una sonrisa de duda en la cara, con una mirada interrogativa en los ojos: al final había parecido entender que nada es imposible más allá de su propia imaginación; más alla de sus propios sueños...

Paz, amor e imposibles...

lunes, 9 de agosto de 2010

La lucha del guerrero

El guerrero subió a la cima de la más alta montaña y se postró de rodillas.

El cielo empezó a oscurecerse, las nubes negras cubrían hasta donde alcanzaba su cansada vista y los rayos comenzaron a brillar.
El frío viento movía su revuelto y enmarañado pelo; sucio y sudado.

Encontró el valor en las gélidas gotas de lluvia y lanzó su grito contra el cielo:
—¡Zeus! Ya está. Lo has conseguido. Me rindo.
El cielo estalló con un rayo que se pudo oir varios kilometros a la rendonda. Los que lo oyeron tuvieron la extraña sensación de estar escuchando una carcajada.
—No lo soporto más. Estoy cansado de luchar; para mí la batalla ha perdido su significado.

La voz del guerrero no mostraba miedo, se levantaba de manera clara y potente por encima del rugir de la tormenta. Sin embargo, el tono de su voz resultaba amargo y melancólico.
Una terrible voz se levantó por encima de la del guerrero:

—Vosotros los mortales... siempre tan estúpidos. —No había rastro de sorna ni odio en esta afirmación. Se podría intuir, incluso, un extraño tono paternal en la aterradora voz celestial— ¿Te rendirías ahora que has luchado tanto? Parece mentira que tu seas el guerrero al que tantos poemas han dedicado.

—No busco gloria ni alabanzas. —Respondió el guerrero— Estoy cansado de tanta derrota, pero también estoy harto de las victorias. Simplemente quiero algo de paz. Quiero poder sentarme y mirar al horizonte sin imaginarme enormes ejercitos a los que tendré que derrotar. Mirar al mar sin ver flotas de navíos surcando las aguas. Quiero mirar al cielo sin temer ver el fuego de la batalla. El único fuego que quiero ahora, es el fuego de las estrellas.

—Iluso. No comprendes nada. Los héroes, los verdaderos héroes, son los que hacen brillar el fuego de las estrellas. Y ni yo, ni nigún otro dios, podría jamar tener la osadía de intentar apagar uno de esos fuegos, ni tampoco suficiente poder. Cuando un héroe auténtico muere, enciende el corazón del universo para que su luz pueda seguir iluminando este solitario planeta. Es algo superior incluso a los dioses.

El guerrero se levantó y miró con odio al cielo.

—Yo no soy ningún héroe, nunca he pretendido serlo ni jamás he perseguido ese objetivo. Vosotros, en vuestra arrogancia, elegís a los héroes, les proporcionas vuestra sangre y vuestra bendición. Éso es lo que les convierte en héroes.

Una sonora carcajada inundó el oscuro cielo, haciendo al valiente guerrero estremecerse.

—La sangre de dioses no crea héroes, convierte a humanos normales en excepcionales, pero el verdadero heroísmo está en el espíritu de cada uno. En el espíritu humano. No lo entiendes, el poder no hace al héroe, la superación de la carencia de poder sí. Tú tienes en tus manos la capacidad de convertirte en algo anhelado por muchos hijos de dios. Ni siquiera yo, podría darte o arrebatarte ese poder.

El guerrero se dejo caer en sus rodillas y apoyó sus manos en el suelo. Las lágrimas en su rostro se confundían con las gotas de lluvia que lo recorrían.

—Descarga tu ira sobre mí. Que tus rayos me hieran hasta lo más profundo de mi alma. Que mi espalda quede marcada con las mismas cicatrices que el cielo nocturno cuando tus tormentas lo desgarran. Mutila mis miembros si es lo que quieres pero yo me rindo. Me rindo. No lo soporto más.

Una explosión de luz iluminó el oscuro cielo. Por unos instantes todo quedó blanco. Cuando la oscuridad volvió a abrazar la cima de la montaña ya no había nadie allí.
Esa noche se apagó una estrella en el cielo nocturno, un lucero que no volvería a brillar jamás. Las nubes negras no desaparecieron de la montaña hasta varios meses después, descargando constantemente su lluvia; como si un dios llorara...

Paz, amor y cielos surcados de cicatrices...

viernes, 18 de junio de 2010

Mi reina


Por fin te capturé, reina de los cielos. Por fin te hice mía.
Pero no me malinterpretes, sé que nunca seré tu rey y que tu trono ya está ocupado. No busco tu posesión, pues eres capricho de los giros de la vida, ni tampoco busco a tu hija, la princesa, a la cual también tengo atrapada.
Sólo buscaba encontrate y cazarte, cazarte como cacé al mismísimo cazador hace tiempo y a su peor enemigo. Cazarte como al caballo alado o al majestuoso cisne.
Jamás tendré el control de los cielos, ni reinaré tan alto y lejos como vos, pero podré observarte a pesar de las nubes; podré mirarte incluso cuando descansas tras el horizonte.
Ahora tengo control sobre ti, sin tener capacidad alguna de controlarte. Tengo control sobre algunos de los soles más brillantes de la galaxia sin ser capaz de llegar a ellos. Te tengo y no tengo al mismo tiempo.
En noviembre, cuando tu rostro sea más nítido y claro, volveremos a vernos y volveré a buscarte. Hasta entonces, reina con la paciencia que te otorgan los eones y cuida de una hija que guarda en sus manos una galaxia entera.
Hasta entonces...

Paz, amor y reinas celestes...

lunes, 14 de junio de 2010

Sobre las felicitaciones


Es curioso que tras toda una vida de logros y fracasos. Tras momentos de tristeza absoluta y felicidad plena; uno se de cuenta de que no tenía ni idea de lo que estaba buscando.
Apoyo, respaldo, admiración, complicidad, felicitaciones, insultos, gritos o halagos... Da igual lo que recibas, en el fondo da igual. Si cuando haces las cosas mal la gente no se siente complacida con tu trabajo, es normal.
Sería algo extraño que sucediera lo contrario, ¿verdad?
Sin embargo, parece que cuando hacemos las cosas bien, buscamos palabras bonitas, consuelos y apoyos. ¿Por qué? Si nuestro trabajo es hacer las cosas bien, por qué deberíamos esperar palabras amables al finalizar los mismos de manera satisfactoria.
Durante el proceso de trabajo, en los momentos difíciles, es posible que un empujon positivo ayude, sin resultar siempre necesario; pero al final del proceso, ¿recordaremos las palabras amables que nos ayudaron o recordaremos las contrarias?
Puede que una vida de falta de apoyo y aficiones extrañas me hayan hecho insesible a estas cosas; o, por lo menos, insensible a ciertas personas, no lo se.
Sólo sé que ahora no necesito felicitaciones.

Paz, amor y felicitaciones...

El capitán


Por fin volvernos a encontrarnos. Cara a cara. Tú y yo solos.
Ha pasado tanto tiempo que temía haber olvidado tus rasgos, también tenía miedo de que te hubieras olvidado de mí; en realidad supongo que nunca me tuviste en demasiada consideración...

He echado de menos tu frío e inabarcable abrazo que tantas noches me acompañó en secreto a la luz de una luna aún más fría que el hielo.
Echaba de menos compartir mi soledad contigo, aunque me hicieras sentir más solo que al principio; la amargura compartida puede ser tan dulce y a la vez tan amarga.
Como amargos eran tus besos, besos gélidos en lo más oscuro de la noche o juguetones y brillantes besos al sol del mediodía, románticos al caer la tarde y otra vez fríos a la luz de las estrellas.
Estrellas que se reflejan en tu piel haciéndote tan sublime, tan irresistible... cómo no iba a caer yo rendido a tus influjos, cómo resistirse a tu melodioso canto y a la armonía de tu baile.
Era joven cuando nos conocimos, pero tú habías conocido tantas historias ya...
Historias alegres y joviales, a veces; pero normalmente invadidas de melancolía, desazón y amargura. Tan románticas... tan atrayentes...
Cómo no quedarse prendado de tanto romanticismo. Vivir lo que tantos antes han vivido, y morir lo que nadie se atrevió a vivir.

Llegan ya trazas de tu aroma a mis sentidos, un aroma que me envuelve, me rodea y no me deja escapar. Un aroma que puede sentirse en la piel, en los ojos y en la boca.
Valiente y noble fue mi corazón en otra época y poco a poco le quitaste la fuerza y la esperanza para convertirlo en esclavo de tus sonidos. Pero no te culpo, poco a poco empiezo a entender que tu destino y el mío están ligados y lo estarán para siempre hasta más allá de la muerte.
Cuando el ocaso de mi vida llegue, me dejaré guiar por los fuegos de San Telmo y siguiéndolos iré a buscarte y encontraré lo más profundo de tu ser para allí morir rodeado de tu compañía. Rodeado de soledad.

Paz, amor y platonismos...